martes, 4 de mayo de 2010

La chica del metro.

Salí entonces de aquel sitio donde semana tras semana en los últimos días he visitado rutinariamente para atender mi terapia psiquiátrica, aquel sitio donde desnudo mi mente y le busco nuevas prendas. Salía pues de allí con algunas ideas despejadas y como de costumbre con unas nuevas, dudas frescas para analizar, pero mas allá de los tormentos había encontrado algo en que apoyarme, el querer hacer las cosas, en estar decidido, esta seguridad, si así lo puedo llamar, en cierta forma me alegraba, me hacía sentir que en el fondo muchas cosas eran posibles.

Caminando por mi cuenta me dirigía a mi destino, mi hogar.

Una pequeña alegría se topo en mi camino, algo sencillo que muchos les parecerá cotidiano pero realmente me trajo satisfacción, pasaba por una panadería y decidí entrar, romper esa cuadricula y hacer algo que en ese momento llamaba mi atención, me sentí independiente.

Después de este pequeño desvío me encaminé hacia el mi transporte, el metro, caminaba las calles y todo parecía bien, la música acompañaba mis pasos y no vacilaba al caminar, sabia hacia donde iba. Ya estando en el metro todo fluía con normalidad e hice el transbordo de línea para dirigirme al sur, en el vagón que abordaba en el traspaso de línea encontré otra pequeña alegría, que como la anterior, le doy un significado, no viajaría de pie, habían suficientes puestos disponibles como para sentarme con tranquilidad sin la necesidad de cedérselo a alguien que por su condición lo necesitase más que yo.

Hasta ahora todo me salía bien, no tenía ninguna dificultad. En frente viajaba una mujer, calculo que su edad rondaba la mía, realmente bonita me deleite todo el viaje observándola detenidamente y me sumergí en su cabello, imaginaba donde podría vivir o como se llamaba, pero no cruce ni una palabra con ella, yo noté su presencia aunque creo que ella no noto la mía. Cuando llegue a mi estación de destino me encuentro que por una de esas casualidades también era la suya, caminé por la pasarela y subí las escaleras detrás de ella, pensando que lindo seria si por algún medio pudiéramos cruzar algunas palabras, así fueran pocas, solo escuchar su voz, ver su sonrisa, pero en el fondo algo me mostraba lo improbable de ésto, es el metro uno de los lugares donde menos se habla con la gente, cada quien está allí con un propósito claro, desplazarse; iba detrás de ella por el único camino que nos dirigía fuera de aquella estación, con temor que fuera a pensar que la seguía ya que no me quería adelantar a su paso, por fin se subió a un taxi y fue el último momento en que la vi.

Satisfecho por mi autónomo día hubiera abordado el taxi que tenia al frente si no hubiera sido por una repentina interrupción, todo se nublo, mi corazón latía fuerte y mi garganta se anudaba, me sentía impotente, asumía mi posición de victima mientras aquel tipo que de la nada apareció me amenazaba y cuestionaba acerca de mi procedencia, me advertía que formaba parte de un grupo encargado de buscar ciertas personas que según ellos no son benéficas para la sociedad, se hacía llamar parte de un grupo de limpieza social, todo resulto en que lo único que quería era lo que me podía quitar, un celular y mi música fue su grandioso botín. Cuando la escena que creí eterna finalmente terminó me dirigí a mi hogar, aun asustado y con una lagrima que no decidía si quedarse en mi o rodar por mi rostro.

¿Coincidencia, orden natural, destino?

Un día en el  cual encontré alegría, satisfacción y fantasía termina de forma espontanea por una de las formas de violencia más comunes que en este momento se cruza por mi mente. Alegrías tan sencillas, sueños tan simples, disfrutaba al máximo lo poco que hacía, ese mundo en el que me aventuré al cual siempre le tuve algún miedo, caminar las calles solo, tan básico como montarme en un taxi, dejar volar mi imaginación de la forma más inocente con aquella chica del metro.

Pero no me puedo culpar, no puedo culpar a nadie. Injusto, realmente lo es, pero me entristece haber terminado de tal forma algo tan básicamente alegre.

Como nos apegamos a nuestras cosas es lo que se me ocurre en este momento, mas allá de los momentos de ese día perdí un compañero material, inanimado, pero que me había brindado momentos de entretenimiento, inspiración… mi música es en lo que pienso, pero es un apego materialista, sencillo y banal, pero es algo que marca, una compañía sonora.

 

Decía Oscar Wild que la experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores, aunque por más que pienso y reconstruyo lo sucedido no encuentro mi error, aunque me queda la amarga experiencia. Me esperaban o me encontraron, quizá fui el ganador de la lotería de Babilonia, no lo sé, no lo sé…

miércoles, 20 de enero de 2010

La institución

Estando una vez la felicidad y la tristeza reunidas decidieron convocar a todos los sentimientos y sus contrapartes. La reunión se había pactado y todos los invitados estaban allí dispuestos a escuchar la tan ansiada propuesta que las antónimas tenían para ofrecerles.

Todo se trataba de una oferta de trabajo, habían decidido entonces crear una institución donde todos pudieran actuar con los mismos derechos, compartir y expresar su sentir, una institución con el fin de sublimar el sentimiento.

Decidieron también crear sucursales en cada uno de los corazones del mundo para expandir su causa a una escala mayor, se propusieron conquistar el mundo usando como publicidad todo aquello hermoso. Querían darle a cada ser un poco de cada uno de los integrantes. Al terminar los acuerdos finalmente la llamaron “amor”.

sábado, 16 de enero de 2010

Encuentro

Tras haber invertido toda su vida buscando el amor, alguien a quien querer y compañía al final perdió toda esperanza. Con ilusiones perdidas y fracasos desistió.

Con el sol de frente y a la orilla del lago vio fugaces sus recuerdos mientras una lagrima recorría su cansado rostro. Miro el agua tranquila y cristalina con sorpresa ¡Vio su reflejo! Luego su sombra y por fin se vio en persona, encontró lo que tanto buscó, ahora es feliz.

martes, 12 de enero de 2010

El asesino de la mesa cuarenta y seis

¿Y si tuvieras la única posibilidad, solo una oportunidad de cambiar algo en tu pasado? Piénsalo

 

En la mesa cuarenta y seis una vela se consumía melancólicamente mientas yo era su único observador, perdido en el brillo de su llama, pensando en todo aquello que en mi vida lo había perdido. Nada estaba fuera de lugar, todo cumplía con la rutinaria cita con la soledad en aquel café, mesa cuarenta y seis, en la esquina más aislada de todas, donde la penumbra lucha contra la poca luz que logra llegar desde la caja registradora, la vela que siempre en silencio me hace compañía mientras el fuego consume su existencia, unas cuantas hojas de papel y un lapicero para la escritura, el café con amareto de siempre, aunque esta vez doble, y si se alarga la noche una copa de vino se hace presente.

Todo cumplía con su cronograma, y cada cosa se acoplaba a la rutina, exceptuando el sentimiento de intranquilidad que se apoderaba de mi, siempre lo he tenido y ha estado en mí, pero esta vez me superaba y tomaba el control.  Mis actos de aquel día no encontraban salida de mi mente, el horror, el dolor…

Sólo podía escribir sobre ella y el precio que le había hecho pagar, arremolinados los recuerdos atormentaban mi noche, tal vez este es el precio que yo debo pagar, la melancolía.

Me duele aceptarlo, era tan especial, siempre presente y mirando hacia el futuro a mi lado, a mi futuro, también me desconcertaba pues no soportaba que fuese tan cambiante e incierta, pero la mantuve cerca por mucho tiempo. Era hora de dejarla ir, ya me había causado tormentos, había creado conflictos en mi mente que forzaron la divagación mental entre lo que debía hacer con el destino, gris vi el futuro, lento el presente e ideas oscuras desesperadas se anudaron en mi, del amor al odio.

Pero ya es hora de aceptarlo, la confesión se hace presente ¡La maté! Si, simplemente y en toda la complejidad que rodea el caso, no soporté mas su compañía, siempre prometiendo cosas por venir mas resultados nunca vi, con dolor acabe con ella, es difícil terminar con la que llevaba la marca de mi amor, por la que día a día me levantaba y me seguía mientas hurgaba desesperadamente e inescrupulosamente en mi destino, mas no me arrepiento, verdugo soy.

Muerta esta, luchó por vivir y en vela yo también la protegí, quise mantenerla latente y ella buscaba surgir entre las tinieblas que mi alma forma, muerta esta. Esta muerta y no se si exista la forma de devolverle lo que le arrebate.

Perdóname esperanza pero perdiste todo sentido y no encontré razón para que siguieras ilusionando mi futuro, mucho tiempo te tuve en mi, esperanza, y busque el amor, pero solo una falsa visión obtuve.

A la soledad me entrego. Esperanza, no sé si vivirás de nuevo.

domingo, 3 de enero de 2010

Querida mía, querida compañera.

Ahora que lo pienso bien se me hace más fácil aceptarlo, creí duro el tiempo y difíciles las relaciones, pero lo que no veía, era que todo eso se trataba del sutil cotejo de aquella dama, cada vez acercándose mas y mas a mí, pero yo, confundido, cuestionaba esta situación, ahora ya lo veo y creo sentir algo por ella, quizá ya me sedujo, ya me enamoró.

¡Cómo no me di cuenta! Siempre estuviste tras de mí, persiguiéndome y llamándome mientras yo huía de ti y buscaba otra compañía, no me daba cuenta cual era realmente el destino, el amor me confundió y sentimientos confusos se anudaron en lo más profundo de mi, pero veo que aquella a la que realmente pertenezco eres tu.

He considerado el entregarme a ella y amarla, estoy seguro que si lo hago tendré compañía eterna, pero me asusta el hecho de que ésta se convierta en la única, aunque a veces es a la única que quiero realmente.

Pero como mas se puede decir, es misteriosa, cruel y algo desalmada, pero se le aprende a amar a querer y hasta desear.

Así que con honor digo que la amo, la deseo, la busco y a veces, la requiero. Tu estrategia funcionó, lograste atraparme y enamorarme, en tus brazos estoy y poco quiero alejarme de ellos. Me hiciste cambiar, me moldeaste tal cual me querías y con esto lograste hacer de mi tal que me fijé en ti, cambiaste en mí el pensamiento para que terminara enamorado de ti.

Noches en vela he pasado junto a ti, como esta, días en el campo he compartido con tigo, tanto me conoces que sabes mi rutina diaria y has compartido en secreto mis más profundas penas y mis más grandes lujurias. Forjaste en mí un deseo por lo lúgubre y fúnebre que te agradezco y con honra aprovecho para hacerlo mi material de escritura, en tu honor y presencias escribo.

Estaré junto a ti y tú estarás junto a mí, viviremos juntos, viviremos felices, que nadie más se interponga entre nosotros mi querida soledad.

 

Ricardo V.W.