¿Y si tuvieras la única posibilidad, solo una oportunidad de cambiar algo en tu pasado? Piénsalo
En la mesa cuarenta y seis una vela se consumía melancólicamente mientas yo era su único observador, perdido en el brillo de su llama, pensando en todo aquello que en mi vida lo había perdido. Nada estaba fuera de lugar, todo cumplía con la rutinaria cita con la soledad en aquel café, mesa cuarenta y seis, en la esquina más aislada de todas, donde la penumbra lucha contra la poca luz que logra llegar desde la caja registradora, la vela que siempre en silencio me hace compañía mientras el fuego consume su existencia, unas cuantas hojas de papel y un lapicero para la escritura, el café con amareto de siempre, aunque esta vez doble, y si se alarga la noche una copa de vino se hace presente.
Todo cumplía con su cronograma, y cada cosa se acoplaba a la rutina, exceptuando el sentimiento de intranquilidad que se apoderaba de mi, siempre lo he tenido y ha estado en mí, pero esta vez me superaba y tomaba el control. Mis actos de aquel día no encontraban salida de mi mente, el horror, el dolor…
Sólo podía escribir sobre ella y el precio que le había hecho pagar, arremolinados los recuerdos atormentaban mi noche, tal vez este es el precio que yo debo pagar, la melancolía.
Me duele aceptarlo, era tan especial, siempre presente y mirando hacia el futuro a mi lado, a mi futuro, también me desconcertaba pues no soportaba que fuese tan cambiante e incierta, pero la mantuve cerca por mucho tiempo. Era hora de dejarla ir, ya me había causado tormentos, había creado conflictos en mi mente que forzaron la divagación mental entre lo que debía hacer con el destino, gris vi el futuro, lento el presente e ideas oscuras desesperadas se anudaron en mi, del amor al odio.
Pero ya es hora de aceptarlo, la confesión se hace presente ¡La maté! Si, simplemente y en toda la complejidad que rodea el caso, no soporté mas su compañía, siempre prometiendo cosas por venir mas resultados nunca vi, con dolor acabe con ella, es difícil terminar con la que llevaba la marca de mi amor, por la que día a día me levantaba y me seguía mientas hurgaba desesperadamente e inescrupulosamente en mi destino, mas no me arrepiento, verdugo soy.
Muerta esta, luchó por vivir y en vela yo también la protegí, quise mantenerla latente y ella buscaba surgir entre las tinieblas que mi alma forma, muerta esta. Esta muerta y no se si exista la forma de devolverle lo que le arrebate.
Perdóname esperanza pero perdiste todo sentido y no encontré razón para que siguieras ilusionando mi futuro, mucho tiempo te tuve en mi, esperanza, y busque el amor, pero solo una falsa visión obtuve.
A la soledad me entrego. Esperanza, no sé si vivirás de nuevo.
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