Salí entonces de aquel sitio donde semana tras semana en los últimos días he visitado rutinariamente para atender mi terapia psiquiátrica, aquel sitio donde desnudo mi mente y le busco nuevas prendas. Salía pues de allí con algunas ideas despejadas y como de costumbre con unas nuevas, dudas frescas para analizar, pero mas allá de los tormentos había encontrado algo en que apoyarme, el querer hacer las cosas, en estar decidido, esta seguridad, si así lo puedo llamar, en cierta forma me alegraba, me hacía sentir que en el fondo muchas cosas eran posibles.
Caminando por mi cuenta me dirigía a mi destino, mi hogar.
Una pequeña alegría se topo en mi camino, algo sencillo que muchos les parecerá cotidiano pero realmente me trajo satisfacción, pasaba por una panadería y decidí entrar, romper esa cuadricula y hacer algo que en ese momento llamaba mi atención, me sentí independiente.
Después de este pequeño desvío me encaminé hacia el mi transporte, el metro, caminaba las calles y todo parecía bien, la música acompañaba mis pasos y no vacilaba al caminar, sabia hacia donde iba. Ya estando en el metro todo fluía con normalidad e hice el transbordo de línea para dirigirme al sur, en el vagón que abordaba en el traspaso de línea encontré otra pequeña alegría, que como la anterior, le doy un significado, no viajaría de pie, habían suficientes puestos disponibles como para sentarme con tranquilidad sin la necesidad de cedérselo a alguien que por su condición lo necesitase más que yo.
Hasta ahora todo me salía bien, no tenía ninguna dificultad. En frente viajaba una mujer, calculo que su edad rondaba la mía, realmente bonita me deleite todo el viaje observándola detenidamente y me sumergí en su cabello, imaginaba donde podría vivir o como se llamaba, pero no cruce ni una palabra con ella, yo noté su presencia aunque creo que ella no noto la mía. Cuando llegue a mi estación de destino me encuentro que por una de esas casualidades también era la suya, caminé por la pasarela y subí las escaleras detrás de ella, pensando que lindo seria si por algún medio pudiéramos cruzar algunas palabras, así fueran pocas, solo escuchar su voz, ver su sonrisa, pero en el fondo algo me mostraba lo improbable de ésto, es el metro uno de los lugares donde menos se habla con la gente, cada quien está allí con un propósito claro, desplazarse; iba detrás de ella por el único camino que nos dirigía fuera de aquella estación, con temor que fuera a pensar que la seguía ya que no me quería adelantar a su paso, por fin se subió a un taxi y fue el último momento en que la vi.
Satisfecho por mi autónomo día hubiera abordado el taxi que tenia al frente si no hubiera sido por una repentina interrupción, todo se nublo, mi corazón latía fuerte y mi garganta se anudaba, me sentía impotente, asumía mi posición de victima mientras aquel tipo que de la nada apareció me amenazaba y cuestionaba acerca de mi procedencia, me advertía que formaba parte de un grupo encargado de buscar ciertas personas que según ellos no son benéficas para la sociedad, se hacía llamar parte de un grupo de limpieza social, todo resulto en que lo único que quería era lo que me podía quitar, un celular y mi música fue su grandioso botín. Cuando la escena que creí eterna finalmente terminó me dirigí a mi hogar, aun asustado y con una lagrima que no decidía si quedarse en mi o rodar por mi rostro.
¿Coincidencia, orden natural, destino?
Un día en el cual encontré alegría, satisfacción y fantasía termina de forma espontanea por una de las formas de violencia más comunes que en este momento se cruza por mi mente. Alegrías tan sencillas, sueños tan simples, disfrutaba al máximo lo poco que hacía, ese mundo en el que me aventuré al cual siempre le tuve algún miedo, caminar las calles solo, tan básico como montarme en un taxi, dejar volar mi imaginación de la forma más inocente con aquella chica del metro.
Pero no me puedo culpar, no puedo culpar a nadie. Injusto, realmente lo es, pero me entristece haber terminado de tal forma algo tan básicamente alegre.
Como nos apegamos a nuestras cosas es lo que se me ocurre en este momento, mas allá de los momentos de ese día perdí un compañero material, inanimado, pero que me había brindado momentos de entretenimiento, inspiración… mi música es en lo que pienso, pero es un apego materialista, sencillo y banal, pero es algo que marca, una compañía sonora.
Decía Oscar Wild que la experiencia es el nombre que le damos a nuestros errores, aunque por más que pienso y reconstruyo lo sucedido no encuentro mi error, aunque me queda la amarga experiencia. Me esperaban o me encontraron, quizá fui el ganador de la lotería de Babilonia, no lo sé, no lo sé…