martes 6 de octubre de 2009

Ambiguo

Es incierto, ese sentimiento de rabia que surge sobre las otras personas; me limito a mirarlas, desearles males en mi mente y estar serio; me tranquilizo creando lastima y haciendo que los demás se sientan como yo.

Aunque realmente la quiero,  observándola descubrí lo mucho que la odio, su sola figura despierta rencores en mi, su risa, su forma y esos dos grandes ojos, enormes como esferas de cristal. No estoy seguro cuando sucedió, pero así fue, decidí que muerta sería la única salida a mi odio, descansaría de este. ¡Oh tormento! ¿En qué momento la bondad me abandono? ¿Enloquecí? y ¿Qué es la locura? Son incógnitas que ni yo ni nadie podrán resolverme.

He aquí los hechos; ya sabiendo que la muerte de ella traería tranquilidad a mi desdichada vida opte que la mejor forma de lograrlo sería yo mismo encargarme del asunto, comencé por conocerla más a fondo, saber que hacía, saber de su vida. Durante días me dedique a observarla, logre acceso a si habitación y durante noches enteras me escabullía con extrema cautela para evitar ser detectado, movimientos lentos y precisos, un sigilo tal que podía escuchar el palpitar de su corazón; desde su armario en la oscuridad, esa obscuridad profunda que nos crea ansias y la incertidumbre de lo que nos rodea y en la cual perdemos la noción del tiempo, allí paciente yo miraba hacia su cama, pensando que allí estaba ese ser, recordando sus ojos, despierto y atento procurando no ser escuchado no sin escuchar su respiración, cultivando mi odio haciendo cada vez mas fuerte el sentimiento; pienso en la forma de asesinarla, esperando el momento adecuado.

La perseguí por doquier can cautela y sigilo, teniendo extremo cuidado en mis movimientos para no levantar sospechas en ella, se lo merecía, es su culpa que yo no la soportara. Un crimen perfecto, tendría que se, rápido y sin sospechas, audaz, eficaz; desaparecerla sin dejar rastro.

Estando allí, cumpliendo con mi observación rutinaria ocurrió, sentí su miedo, ella sentía que algo ocurría; podía escuchar su respiración agitada, ella, allí en su habitación había sido consumida por el miedo, el terror se apodero de su cuerpo, ella estaba paralizada, rígida como una estatua, inmóvil, tratando de escuchar, separando lo que estaba en su mente y la realidad; yo disfrutaba el momento, encontraba gratificante ver cómo era devorada por el miedo, estaba extasiado, hasta que suspiro, ese aliento del alma, escuchar ese lamento, en ese momento volvió a mí la rabia, no lo soporte mas, mi odio era incontenible; fue este el momento que estuve esperando, no soporte mas, me abalance sobre ella, un golpe certero en la nuca y mi pie oprimiendo su garganta; podía sentir su palpitar, su respiración, profunda como el océano y la obscuridad que se iba debilitando, cada vez mas y mas lenta, su mundo se iba, sus ojos se iban cerrando mientras me miraba, una mirada fija, pude ver en esos dos ojos sin brillo el terror más profundo de su ser, su rostro, su expresión facial demandaban una explicación al porque yo hacía esto, y mi respuesta simple y llana fue una expresión vacía, sin sentimientos; su respiración seso, quedo quieta y rígida, estaba muerta.

Su cuerpo inerte yacía sobre el suelo, mi tranquilidad no podía ser mayor, estaba sereno y confiado, no oiría nunca más su respiración; con paciencia rodee el cuerpo con cadenas para darle peso, la puse en una bolsa de cuero, no sin antes darle un beso de despedida y en lo profundo de un poso terminó.

Me sentí triunfante, había logrado mi cometido, ni una sospecha hubo; yo no podía estar más confiado de mi mismo, apacigüe mi rabia. No creí nunca volver a escuchar su respiración; me creerán loco, pero no lo estoy, podía sentir su resoplar, había ya pasado días y su respiración se hacía presente, la sentía y no me era posible no escucharlo  tal como el bramido del viento, ¡la escucho! ¡No lo soporto! ¿Donde esta? ¿Por qué la escucho? Mi tormento, mi sufragio, hasta muerta me atormenta, la escucho y la escuchare, acallar, necesito callar ese martirio, buscare algún otro ser para ese respirar acallar.

No soy culpable de lo que hago, el mundo se ha encargado de hacerme así.

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