martes, 6 de octubre de 2009

Insignificante

Insignificante, así la veo, una vida insignificante, dependiente de todo pero nada depende de ella. Cruel, si lo soy, como no serlo, si lo soy con migo mismo, no vale la pena, el tiempo pasa, la vida pasa y todo sigue como siempre, el sol saldrá como antes, el cielo conservara su azul profundo, la luna seguirá tan pálida como siempre.

Un cuchillo cortando profundamente, lenta y profundamente, siento como corto cada tejido pero en ocasiones me topo con algo duro y difícil de cortar, tal vez un tendón, ya que los huesos los sé sortear. La sangre en mis manos y mi rostro, ese sabor metálico aunque cada cual tiene un gusto distinto, algunas han atraído mas mi atención que otras y su color escarlata intenso, es algo que nunca olvido. Soy delicado y sutil, me gusta hacerlo con gusto, con paciencia, siempre cuidando los detalles, realizar todo a la perfección.

No hay momento más sublime que aquel en el que lo hundo por primera vez, sentir el miedo, el terror, la repentina aceleración cardiaca. El miedo, lo siento y lo disfruto, la duda de mi víctima y la compasión que piden sus ojos, ese odio, la indiferencia y la negación se desvanecen en ese instante y solo pide una cosa, compasión, que irónico, ahora quien ríe, ahora quien disfruta con el sufrimiento ajeno, regocijo, eso siento. Allí tendida desconcertada, lo disfruto, hallo reconfortante mi labor.

Una vez muerta y sin signos vitales comienzo mi burda tarea, un muerto es más fácil de manipular que alguien vivo, pero de igual forma demanda un esfuerzo. Claro, como labor esta la tengo que hacer de forma profesional, perfecta y sin errores, no debo dejar rastro, si dejo alguna evidencia todo se acabaría, ya que a los ojos de los demás lo que hago está mal, mal y se condena, ignorantes no comprenden, lo hago porque es necesario y de igual forma ellos no podían aportar nada a esta vida, mas bien, perjudicaban otras.

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